En una cena me preguntan — quizá por centésima vez — en qué me he especializado. La respuesta honesta irrita a quien pregunta; permítanme intentar una mejor. Porque la premisa tras la pregunta merece una palabra.
La premisa es que todo abogado decente tiene un único campo. La premisa es que quien hace derecho penal no sabría leer un contrato de alquiler y quien redacta contratos se desmayaría en una vista con testigos. Esa premisa resulta, claro, más halagadora, porque coloca a un especialista técnico entre usted y un mundo complicado. No tiene que preguntarse si el abogado entiende el problema; el sello de especialista se lo responde.
En la realidad la premisa corta por ambos lados. Soy "Fachanwalt für Verkehrsrecht" y "Fachanwalt für Arbeitsrecht", lo que significa que he superado una certificación teórica y práctica en esas materias. Excelente. No significa que solo sepa hacer eso. Mi socio Moritz Peters es especialista en derecho penal y laboral. Entre ambos llevamos casos que no caen ni en lo "penal", ni en lo "vial", ni en lo "laboral" — derecho civil general, conflictos vecinales, sucesiones, contratos.
Dos cosas, a mi juicio, importan más que un certificado para el cliente que busca abogado. La primera: que el abogado tenga la honestidad de decir "Esto no es mi campo. Déjeme presentarle a un colega." Lo hago varias veces al mes. Es una de las virtudes profesionales más simples y sorprendentemente difíciles de practicar en un entorno que financieramente recompensa decir que sí. Si su abogado nunca declina, pregúntese si su asunto está en manos de alguien que tiene tiempo para él, o en las de alguien incapaz de rechazar trabajo.
La segunda es la continuidad. Un especialista que lleva su caso una semana y lo pasa a un pasante le sirve menos que un generalista que permanece al mando de principio a fin, formula diez preguntas que los puros especialistas ya no ven y le llama personalmente cuando el tribunal ha fallado. He visto casos perdidos por especialistas que vieron el árbol, y otros ganados por generalistas que vieron el bosque.
Así que — a mi amigo de sobremesa — mi especialización es: conozco lo bastante bien a mis colegas como para saber cuándo debería verlos a ellos. Y lo que sí llevo yo mismo intento hacerlo bien, lo que significa sin estar tan especializado como para olvidar que su caso le ocurre a usted, no a un manual.