Una victoria que merece contarse: el Tribunal Regional de Kiel ha dictado, a instancia nuestra, una medida cautelar contra una grúa local que abusaba del sistema de forma especialmente creativa.
Qué ocurrió
Nuestro cliente — un conductor sin vínculo con la ciudad de Kiel — aparcó su coche una tarde de verano en lo que parecía un aparcamiento público. Cuando volvió, el coche había desaparecido. Una nota manuscrita en un poste cercano le informaba de que su vehículo había sido retirado, acompañada de un número de teléfono de Kiel.
Lo que siguió fue un caso de manual. La supuesta señalización como recinto privado era, a nuestro juicio, invisible desde el lugar exacto donde estaba el coche; se había colocado a propósito en un punto donde quien entraba a aparcar difícilmente podía verla. La empresa de grúa había, por su propia admisión, observado el aparcamiento a prudente distancia y retirado el coche en el mismo instante en que nuestro cliente lo dejó.
La palanca
La grúa privada en Alemania es lícita — pero solo como retirada de una perturbación de la posesión conforme al § 859 BGB. Es decir, el titular del recinto puede encargar a una grúa que retire un vehículo aparcado sin autorización. La pregunta clave es: ¿cuánto vale ese servicio? El Tribunal Supremo Federal ha dado una respuesta clara. Solo pueden cobrarse los costes realmente incurridos para retirar la perturbación. Cualquier cosa por encima es una pretensión sin base legal.
Las empresas especializadas en aparcamientos privados tienden a estirar ese límite — a veces con sutileza, a veces con descaro. En nuestro caso la factura contenía, además del coste del arrastre, partidas como "recargo por riesgo de accidente", "servicio de fin de semana", "tasa administrativa" — el tipo de "papeles de posición" que suman un total muy superior a lo que la jurisprudencia considera razonable.
Por qué una medida cautelar
Nuestro cliente necesitaba el coche de inmediato. Un procedimiento ordinario tarda meses. Para eso existe la medida cautelar de los §§ 935 y ss. de la Ley de Enjuiciamiento Civil (ZPO): el tribunal dicta una decisión provisional para proteger al demandante frente a un perjuicio inminente, siempre que pretensión y urgencia sean verosímiles.
Argumentamos — con éxito — que la empresa de grúa condicionaba la devolución del vehículo al pago de tasas manifiestamente excesivas y que eso suponía una perturbación de la posesión del vehículo, insubsanable con un reembolso posterior. La jurisprudencia nos respaldaba: una grúa que retiene un coche a cambio del pago de una factura inflada obliga al conductor a una especie de privilegio privado que carece de base legal.
Resultado
El tribunal dictó la medida en 48 horas. La grúa debió devolver el coche contra el pago de las tasas que la jurisprudencia admite — una pequeña fracción de la factura original. Los importes restantes deben litigarse en el procedimiento principal, con la carga de la prueba sobre la grúa de que eran razonables. También somos optimistas al respecto.
Lo que enseña el caso
Primero: un remolque privado no es automáticamente legal solo porque el recinto se declare privado. La señalización debe ser visible, el aparcamiento manifiestamente prohibido, y el remolque proporcional.
Segundo: aun cuando el remolque sea lícito, la factura debe mantenerse dentro de lo que los tribunales consideran razonable desde hace tiempo — cientos de euros, no una cifra de cuatro dígitos.
Tercero: la medida cautelar es la herramienta adecuada cuando el coche se retiene como palanca. No espere al procedimiento principal. No pague la totalidad "para evitar problemas". No firme liberaciones que renuncien a ser reembolsado.
Consejo práctico
Si han retirado su coche desde un recinto supuestamente privado:
Fotografíe el lugar de inmediato: señalización, posición exacta del coche, marcas del entorno.
Pida a la grúa, por escrito, una factura detallada de cada concepto.
No pague el total de golpe; pague lo que la jurisprudencia permite bajo reserva y haga revisar el resto por un abogado.
Guarde todos los documentos, incluidos SMS y mensajes de voz — en nuestro caso de Kiel fueron parte decisiva de la prueba.
Y, como siempre: actúe deprisa. La jurisprudencia le protege, pero solo si usa de verdad los instrumentos que pone a su disposición.